En los últimos tiempos, Alicante dejó de ser únicamente un destino donde los europeos van de vacaciones para comenzar a ser el sitio donde deciden quedarse. Comprar una vivienda, pasar los meses de invierno, retirarse definitivamente. La provincia lleva años liderando la demanda internacional de vivienda en España, y los últimos datos no hacen sino confirmar que esa posición no es una casualidad ni una moda pasajera. Hay algo en la combinación de clima, precio, calidad de vida y accesibilidad que Alicante ofrece y que otras provincias mediterráneas no terminan de replicar con la misma consistencia.
Según datos del Colegio de Registradores recogidos por Alicante Plaza, la provincia cerró el tercer trimestre de 2025 con el 43,29% de todas sus compraventas de vivienda realizadas por ciudadanos extranjeros. Es el porcentaje más alto del país, muy por encima de la media nacional del 13,6% y claramente distanciado de la segunda provincia, Málaga, con el 31,8%. En términos prácticos, esto significa que prácticamente de cada dos viviendas que se venden en Alicante, una la compra alguien que no es español. Una proporción que no tiene equivalente en ninguna otra provincia del país y que convierte a la Costa Blanca en el mercado inmobiliario más internacionalizado de España.
Quién compra y por qué
Las nacionalidades que encabezan la demanda son británicos, alemanes y neerlandeses, aunque el mapa está cambiando. Los holandeses han ganado terreno de forma notable en los últimos trimestres, impulsados en parte por las restricciones que su propio gobierno ha introducido para frenar la especulación en los Países Bajos, lo que lleva a muchos compradores a buscar destinos alternativos fuera de sus fronteras. Los escandinavos y ciudadanos de Europa del Este también aumentan su presencia, especialmente en el litoral norte de la provincia, en zonas como Jávea, Calpe o Altea.
El perfil mayoritario no es el del turista que compra un apartamento para veranear dos semanas al año. Según recoge Brains Real Estate News, el 39% de las compras realizadas por extranjeros en España corresponde a no residentes, un perfil muy vinculado a personas que pasan temporadas prolongadas en el país o se retiran definitivamente aquí. Alicante y la Comunidad Valenciana concentran uno de cada tres inmuebles adquiridos por extranjeros en toda España. Los factores que explican esta concentración son conocidos pero no por ello menos reales: clima estable durante casi todo el año, precios más accesibles que en el norte de Europa, buena conectividad aérea con las principales capitales europeas y una sanidad bien valorada por quienes vienen a quedarse. A eso se suma un aeropuerto que opera vuelos directos con decenas de ciudades europeas durante todo el año, lo que hace que la idea de tener una vivienda aquí sin renunciar a la vida en el país de origen sea perfectamente viable.
El precio sube, pero la demanda aguanta
Una de las consecuencias más visibles de este flujo constante de compradores internacionales es la subida sostenida de los precios. Como señala Inmonews, el precio medio de una vivienda en la Costa Blanca ha subido un 39,77% desde 2020, pasando de 199.335 euros a 278.617 euros en 2025. Una subida que no ha frenado la demanda de forma significativa, en parte porque el comprador extranjero paga de media un 30% más que el nacional y llega con un poder adquisitivo que el mercado local difícilmente puede igualar.
Esto genera tensiones evidentes para los residentes alicantinos que buscan su primera vivienda, pero también crea oportunidades para quienes promueven y construyen en la zona. Según señalan desde Azalea Properties, promotora inmobiliaria en Alicante, el comprador internacional que llega hoy a Alicante busca proyectos con orientación solar estudiada, terrazas amplias, eficiencia energética y materiales que conecten con el entorno mediterráneo, no simplemente metros cuadrados a un precio competitivo. Las exigencias han subido, y el mercado de obra nueva responde a esa demanda con propuestas cada vez más cuidadas.
La Costa Blanca Norte y Sur: dos mercados distintos
Dentro de la provincia conviven en realidad dos dinámicas diferenciadas. La Costa Blanca Sur, con Torrevieja, Orihuela Costa y Guardamar como epicentros, concentra una demanda más orientada a la inversión y al alquiler vacacional, con precios más accesibles y un perfil de comprador más heterogéneo. La Costa Blanca Norte, con Jávea, Calpe, Altea o Benissa, atrae principalmente a compradores del norte y centro de Europa con mayor poder adquisitivo, que buscan viviendas de mayor tamaño y mejor integración con el paisaje. Son dos mercados que comparten la misma provincia pero responden a lógicas distintas, y conocer esa diferencia es importante tanto para quien busca comprar como para quien quiere entender por qué Alicante funciona como polo de atracción a una escala que ninguna otra provincia española ha conseguido replicar.
Esta división también se refleja en el tipo de vivienda más demandada. En el sur predominan los apartamentos de dos o tres dormitorios en urbanizaciones con zonas comunes, mientras que en el norte la demanda se orienta hacia viviendas unifamiliares con parcela, más privacidad y vistas. El comprador del norte de Europa que busca establecerse de forma más definitiva tiende a preferir este segundo modelo, que le permite reproducir con más fidelidad el estilo de vida que busca al dejar su país de origen. No es una cuestión de precio, sino de concepto de hogar: una vida más tranquila, más al aire libre, más conectada con el paisaje y con la comunidad local.
Vivir en el Mediterráneo ya no es solo un sueño de verano
Lo que ha cambiado en los últimos años no es solo la cantidad de europeos que compran en Alicante, sino la naturaleza de esa decisión. Antes era una compra de placer, un capricho de quien podía permitírselo. Ahora es una decisión de vida: la jubilación anticipada que se hace posible aquí, la casa desde la que trabajar en remoto con vistas al mar, el retiro definitivo que en el norte de Europa resulta impensable con el mismo presupuesto. El invierno alicantino, con temperaturas que rara vez bajan de los diez grados y días de sol que en enero siguen permitiendo comer en terraza, es probablemente el argumento más poderoso de todos para quien viene de pasar seis meses al año bajo la lluvia y el frío del norte del continente.




